Sanitas: por qué con el frío parece que tienes más hambre

En cuanto baja la temperatura vuelven los guisos, las cremas y la sensación de estar siempre con hambre. Me ha llegado la nota de prensa de Sanitas sobre justo eso: si el frío hace que necesitemos comer más de verdad, o si lo que cambia es otra cosa.
La respuesta corta que dan es que no es tan directo como parece. Y me gusta que lo expliquen sin prometer nada.
¿El frío hace que gastes más energía?
Cuando pasas frío, el cuerpo pone en marcha la termogénesis, que es su forma de producir calor para mantener la temperatura. Explican desde Sanitas que los estudios ven que una exposición fuerte al frío puede subir el gasto de energía, pero que la respuesta cambia mucho según cuánto frío, cuánto rato, la edad y el cuerpo de cada persona.
La pega para la vida real: la mayoría pasamos el día en espacios climatizados y bien abrigados. Ahí ese gasto extra se queda en poco, así que no da para concluir que en otoño haga falta comer más.
¿Por qué entonces apetecen los guisos?
Ingrid Daniele, nutricionista de Blua de Sanitas, lo resume en que cambian las rutinas: más horas dentro de casa, algo menos de movimiento y platos más contundentes sobre la mesa. Su consejo, antes de servirse más cantidad, es mirar si las comidas están completas y llevan cosas que quitan el hambre de verdad: verduras, legumbres, proteínas y cereales integrales.
Si te interesa la parte de moverse, ya te conté lo que dicen en Sanitas sobre caminar despacio, que también cuenta.
¿Qué platos calientes llenan sin complicarse?
Aquí la idea que más me sirve: comer caliente no obliga a comer más pesado. Ponen ejemplos de andar por casa, un potaje de legumbres con verduras, unas lentejas, una crema de calabaza con huevo o pescado, o verduras asadas con garbanzos. Son platos de cuchara normales que dan saciedad porque llevan fibra y proteína, no porque lleven embutido.
Añaden dos cosas más. Una, la hidratación: en invierno apetece menos el agua fría, pero el cuerpo necesita lo mismo, así que proponen alternar con infusiones sin azúcar, caldos suaves o fruta con mucha agua tipo naranja y mandarina. Y otra, tirar de alimentos de temporada como calabaza, boniato, coles, setas, granada o caqui, que están en su mejor momento y salen mejor de precio.
¿Y si es una persona mayor la que come menos?
Esta parte me parece la más útil de toda la nota y la que menos se cuenta. En personas mayores el frío no tiene por qué abrir el apetito: al contrario. Hablan de la anorexia del envejecimiento, que puede tener que ver con cambios del propio cuerpo, con medicación, con problemas de boca o para tragar, o con cómo esté esa persona de ánimo y de compañía.
Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores, avisa de que un plato caliente puede resultar agradable y aun así no ser suficiente. Las señales que piden vigilar son comer bastante menos de forma mantenida, pérdida involuntaria de peso o de fuerza y cambios en la autonomía. Si hay sospecha de desnutrición, hablan de hacer un cribado nutricional validado, que es una valoración reglada, no un cálculo casero.
Cuando los platos grandes echan para atrás, su propuesta es repartir en varias tomas y enriquecer lo que sí se acepta: una crema de verduras con huevo cocido, queso fresco, yogur o pescado desmenuzado.
¿Cuándo hay que consultar?
Lo dicen claro: si los cambios de apetito duran semanas, hay pérdida de peso sin buscarla, cansancio que no se va o cuesta masticar o tragar, toca sentarse con un profesional sanitario, en consulta o por videoconsulta. Nada de esto se arregla leyendo un blog, el mío incluido.
Mi apunte, a falta de probarlo
Me quedo con el tono, que es raro en este tipo de textos: nadie te vende un suplemento ni un plan de dos semanas. Yo sigo dieta cetogénica por el lipedema, con seguimiento, y justo por eso soy muy pesada con esto: lo que come cada una se decide con su profesional, no con un titular de otoño. Lo que sí me llevo a casa es la idea de mirar el plato antes que la cantidad, y la lista de señales en personas mayores, que me parece información para tener a mano si tienes a alguien al que ves comer cada vez menos.
Esta entrada está escrita con la información que me ha hecho llegar Sanitas: no es consejo médico.
¿A vosotras también os entra más hambre en cuanto llega el frío?
Ficha rápida
- Web oficial: www.sanitas.es
Preguntas frecuentes
¿Se queman más calorías cuando hace frío?
Desde Sanitas explican que el cuerpo gasta algo más de energía para mantener la temperatura, pero que depende de la intensidad y la duración del frío, la edad y la composición corporal. Si pasas el día en interiores con calefacción y bien abrigada, ese gasto extra suele ser pequeño.
¿Hay que comer más en otoño e invierno?
Según la nutricionista de Blua de Sanitas, no necesariamente. Antes de subir las cantidades proponen revisar si las comidas están completas y llevan verduras, legumbres, proteínas o cereales integrales, que son los que quitan el hambre durante más rato.
¿Qué platos calientes llenan sin ser muy calóricos?
Ponen como ejemplos potajes de legumbres con verduras, lentejas estofadas, crema de calabaza con huevo o pescado y verduras asadas con garbanzos. La clave que señalan es combinar verdura con proteína y fibra, y dejar embutidos grasos y salsas muy calóricas para ocasiones puntuales.
¿Por qué una persona mayor come menos en invierno?
Hablan de la llamada anorexia del envejecimiento, que puede relacionarse con cambios fisiológicos, menos actividad, enfermedades, medicación, problemas de boca o dificultad para masticar y tragar, además de factores emocionales. No es algo que se deba asumir sin más.
¿Cuándo conviene consultar con un profesional por falta de apetito?
Cuando los cambios se mantienen durante varias semanas, hay pérdida de peso sin buscarla, cansancio persistente o dificultades para masticar o tragar. La valoración, presencial o por videoconsulta, es la que permite ver la causa.
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